Cómo protegerse del frío en moto
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A 90 km/h con 8 grados en el termómetro, tu cuerpo no siente 8 grados. Siente algo bastante más cercano a cero.
Ese es el punto de partida de cualquier conversación sobre cómo protegerse del frío en moto: la temperatura que marca el móvil antes de salir no tiene nada que ver con la que vas a soportar durante la siguiente hora. El viento relativo se encarga de la diferencia.
Y aquí en Valencia el problema tiene una forma particular. Los inviernos son suaves, así que es fácil salir mal equipado pensando que no es para tanto. Luego amanece a 6 grados con humedad del litoral, o subes hacia la Calderona y pierdes cinco grados más sin darte cuenta.
Esta guía va de eso. De qué ponerte, en qué orden, por dónde se te está colando el frío y qué cosas de las que haces no sirven de nada.
El frío no es una molestia, es un problema de seguridad
Conviene entender qué le pasa a tu cuerpo antes de hablar de prendas.
Cuando las manos se enfrían, lo primero que pierdes es destreza fina. Eso significa dosificar peor el freno delantero, notar menos el punto de mordida y tardar más en accionar el embrague. No es que no puedas frenar: es que frenas peor y más tarde.
El frío generalizado añade otra capa de problemas. Tensa la musculatura del cuello y los hombros, lo que reduce la fluidez al girar la cabeza para mirar por encima del hombro. Y consume energía: al cabo de una hora de lucha contra el viento estás más cansado de lo que estarías con la misma ruta en primavera, aunque no lo percibas.
El caso extremo es la hipotermia, y no hace falta nieve para llegar a ella. Si empiezas a temblar de forma incontrolada, te cuesta articular palabras o notas torpeza inusual al manipular los mandos, para y entra en calor antes de seguir. No es una recomendación de confort. Es de seguridad.
El sistema de capas, bien entendido
Casi todo el mundo ha oído hablar de vestirse por capas. Bastantes menos saben para qué sirve cada una, y ahí es donde se cometen los errores.
La idea no es acumular ropa. Es que cada capa haga un trabajo distinto y que el aire quede atrapado entre ellas, porque el aire quieto es el que aísla, no el tejido.
Primera capa, la que gestiona el sudor
Va pegada a la piel y su función no es dar calor, sino sacar la humedad hacia fuera. Materiales técnicos sintéticos o lana merina.
Aquí está el error más caro y más común: el algodón. Una camiseta de algodón absorbe el sudor, lo retiene y lo mantiene contra tu piel. En el momento en que paras o bajas el ritmo, esa humedad se enfría y te congela desde dentro. Da igual lo buena que sea la chaqueta que lleves encima.
Segunda capa, la que aísla
Forro polar, plumas ligeras o un tejido técnico de gramaje medio. Su trabajo es retener el aire caliente que genera tu cuerpo.
Debe quedar holgada. Una capa intermedia apretada comprime el aire y pierde buena parte de su capacidad aislante.
Tercera capa, la que corta el viento
Es la más importante de las tres para moto, y la que más gente descuida. Puedes llevar dos forros polares debajo que, si el viento atraviesa la capa exterior, no sirven de nada.
Necesitas una chaqueta de moto con membrana cortavientos e impermeable, costuras selladas y ajustes en cuello, muñecas y cintura. Esos ajustes no son decorativos: son por donde entra el aire.
Y ojo con una cosa importante: la capa exterior sigue siendo tu protección en caso de caída. Abrigar no puede sustituir a proteger. Sigue necesitando protecciones homologadas en hombros, codos y espalda.
Por dónde se te cuela el frío
Hay cuatro zonas que concentran la mayor parte del problema. Si las resuelves, has resuelto el ochenta por ciento.
Las manos
Son la prioridad absoluta, porque son las que manejan los mandos y las que van completamente expuestas al viento.
En invierno necesitas guantes de caña larga, con forro térmico y membrana impermeable. La caña larga es innegociable: la corta deja un hueco entre guante y manga por el que el aire entra directo hasta el antebrazo.
Un detalle que casi nadie tiene en cuenta: un guante demasiado apretado enfría más. Comprime la circulación y elimina la cámara de aire que aísla. Si con guantes de invierno usas la misma talla que en verano, probablemente te vaya pequeño.
Si te interesa el detalle de qué guante usar en cada época, lo desarrollamos en nuestro artículo sobre los mejores guantes de moto según la temporada.
El cuello
Es una superficie pequeña con un impacto enorme, porque por ahí pasa mucha sangre camino de la cabeza. Enfriar el cuello es enfriarte entero.
Una braga técnica o un tubular resuelve el problema por muy poco dinero. Que suba lo suficiente para meterse bajo el casco y que baje por dentro de la chaqueta, no por fuera.
El pecho
Recibe el impacto frontal del viento durante todo el trayecto. Aquí funciona muy bien un chaleco cortavientos fino entre la segunda y la tercera capa: ocupa nada y cambia por completo la sensación.
Comprueba también que la cremallera de tu chaqueta tenga solapa cubrejuntas. Sin ella, el aire entra por la propia cremallera.
Los pies
Se enfrían despacio, pero cuando lo hacen ya no hay vuelta atrás durante el resto de la ruta.
Calcetín técnico, nunca de algodón, y bota que no apriete. Igual que con los guantes, si aprietas el pie con dos calcetines gruesos dentro de una bota justa, cortas la circulación y consigues el efecto contrario al que buscas.
Equipamiento calefactable, ¿merece la pena?
Depende bastante de cuánto uses la moto en invierno.
Los puños calefactables son la opción más extendida y muchos modelos los llevan de serie o los admiten como accesorio original. Calientan la palma, que es la zona en contacto con el manillar, pero dejan el dorso expuesto al viento. Funcionan bien combinados con un buen guante, no como sustituto.
Los guantes calefactables calientan toda la mano y son claramente más eficaces, aunque implican batería o conexión a la moto. Si haces trayectos diarios de más de media hora en invierno, la inversión se justifica sola.
Las prendas calefactables de torso son la opción más completa. Se conectan a la batería de la moto y mantienen la temperatura corporal estable en trayectos largos.
Si te planteas cualquiera de estas opciones, pásate por nuestra sección de accesorios o consúltanos qué es compatible con tu modelo. En el taller podemos instalarte los puños calefactables originales con la toma correspondiente.
Lo que puedes cambiar en la moto
No todo se resuelve con ropa. La propia moto puede ayudarte bastante.
Una cúpula más alta es probablemente la modificación con mejor relación coste/beneficio. Desvía el flujo de aire por encima del pecho y los hombros, y en autovía la diferencia es notable. En una Tracer o cualquier moto orientada a viajar, es lo primero que cambiaría.
Los deflectores o paramanos cortan el viento directo sobre las manos y complementan muy bien a los puños calefactables.
En scooter, el cubrepiernas es una solución muy eficaz para el uso urbano diario, aunque tiene el inconveniente de que no protege en caso de caída y hay que quitarlo para maniobrar con soltura.
Errores que casi todos hemos cometido
- Llevar algodón pegado al cuerpo. Absorbe sudor, lo retiene y te enfría en cuanto paras.
- Ponerse más capas apretando el conjunto. Si comprimes el aire, pierdes el aislamiento. Mejor tres capas holgadas que cinco prietas.
- Guantes de talla justa. Cortan circulación y enfrían más que un guante fino y holgado.
- Meter la braga por fuera de la chaqueta. El aire entra por debajo. Siempre por dentro.
- Salir con el casco recién puesto en frío sin gestionar el vaho. Usa pinlock o visera antivaho. Un visor empañado es un problema mayor que el frío.
- Confiar en el termómetro del salpicadero antes de salir. Cuenta con bastantes menos grados de los que marca.
- Beber alcohol para entrar en calor. Produce sensación de calor mientras acelera la pérdida de temperatura corporal. Y, obviamente, no se conduce después.
Vestirse bien no es suficiente
El frío también cambia cómo se comporta la moto, y eso pide ajustar la forma de conducir.
Los neumáticos fríos agarran mucho menos. En invierno tardan más en alcanzar temperatura de trabajo y en trayectos urbanos cortos puede que no lleguen a alcanzarla nunca. Los primeros kilómetros pide poco a la moto: nada de inclinaciones fuertes ni frenadas bruscas.
Vigila las zonas de sombra permanente a primera hora, especialmente en carreteras de interior. Puentes, tramos entre montañas y curvas orientadas al norte son donde aparecen las placas de hielo cuando el resto del asfalto está seco.
Y planifica paradas más frecuentes de las que harías en verano. Diez minutos con un café caliente cada hora recuperan bastante más de lo que parece, y te obligan a comprobar cómo estás realmente. Bebe agua aunque no tengas sed: en frío la sensación de sed desaparece pero no significa no sigas deshidratándote.
Si haces muchos kilómetros seguidos, una faja lumbar ayuda a mantener la zona baja de la espalda estable y algo más resguardada, que en frío es donde primero aparece la rigidez.
Repaso rápido antes de salir
- Primera capa técnica, nada de algodón.
- Capa intermedia holgada.
- Chaqueta cortavientos con membrana y protecciones homologadas.
- Guantes de caña larga, de una talla que no apriete.
- Braga o tubular por dentro de la chaqueta.
- Calcetín técnico y bota holgada.
- Visera con sistema antivaho.
- Ruta planificada con paradas y agua encima.
Equípate en Saica Motos
Conducir en invierno no tiene por qué ser una penitencia. Con el equipo correcto, una mañana de enero por la Calderona puede ser de las mejores rutas del año, precisamente porque no hay nadie.
En nuestras dos tiendas de Valencia, en Avda. de Suecia 25 y Avda. General Avilés 36-38, tenemos chaquetas, guantes, calzado y equipamiento de Dainese y del resto de marcas con las que trabajamos. Pruébatelo con calma, que la talla correcta en invierno importa más que en cualquier otra época.
Y si quieres montar puños calefactables, una cúpula más alta o cualquier otro accesorio original, en el taller oficial te lo instalamos. Cualquier duda, contáctanos.